martes, 15 de diciembre de 2015

Un estudiante preguntó acerca mandato bíblico y coránico de “no juzgar”

Salam alaikum G… –
Hace unas semanas participé en una conferencia (por Internet) con unos hermanos/as de nuestra tariqa.  El tema de la discusión fue las virtudes.  Todos saben cuáles son las virtudes pero lo que yo digo es que hoy en día eso no es suficiente, hoy en día la gente quiere saber ¿por qué?  Nosotros somos maestros y queremos enseñar a la gente la conducta correcta que conduce a la cercanía de Dios y a Su guía.  Hacer una lista de conducta virtuosa ya no sirve.  “¿Por qué debo amar, ser honesto, ayudar al prójimo, tener compasión, no juzgar, etc., etc,?  la gente pregunta porque no sabe las razones ni sabe qué es una virtud.
En tiempos en que vivían un los profetas o grandes maestros, el poder y la energía, del maestro era tanta que la gente captaba más que sólo las palabras, el maestro hablaba directamente al corazón de sus oyentes.  Ahora no es así.
En la cuestión de “no juzgar” primero debemos distinguir entre dos formas de juicio.  Las formas son la de la sociedad y la del individuo.  Obviamente la sociedad tiene que capturar, juzgar y castigar delincuentes.  Las leyes son necesarias para mantener orden en la sociedad para el bien de todos.  Ese no es nuestro tema.
Estamos hablando del hábito omnipresente de juzgar, especialmente mentalmente, a otras personas por sus acciones y manera de ser.  Se llama “la mente chango” ese dialogo interno constante.  Es la naturaleza del cerebro pero cuando los temas del “chango” son negativos encontramos problemas.  Empezamos del más tosco de los problemas.  La mente y el cuerpo están íntimamente conectados y el cuerpo sigue o refleja el cerebro y la naturaleza de los pensamientos.  Inmediatamente al pensar en cosas negativas, o sea, cosas contra alguien más o de cualquier acontecimiento que no coincide con nuestros conceptos o pensamos que va a perjudicarnos, los músculos empiezan a hacerse tensos.  Si eso ocurre con frecuencia se desarrollan nudos tanto en los músculos como en otras partes que, a final de cuentas obstruyen funciones importantes en el cuerpo lo que termina en enfermedades.
Vamos un paso más profundo.  El cuerpo es un conductor de energía.  Todo en el mundo funciona según patrones energéticos.  Los pensamientos son ondas de energía y la naturaleza o frecuencias de los pensamientos conforman con reglas igual como cualquier cosa física – es ciencia.  Los pensamientos negativos tienen frecuencias más densas y corren por todo el cuerpo restringiendo el fluido de energía lo que afecta los músculos y órganos y otra vez conduciendo a enfermedades.
Intelectualmente debemos entender que al juzgar a otra persona ya sea por el color de sus calcetines, sus creencias que no coinciden con las de nosotros o por conducta más seria, no es lógico.  Como Jesús dijo, “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, todos hemos cometido errores y criticar a otros de forma negativa (con malicia o malos sentimientos) no tiene sentido.  Sin embargo, todos lo hacemos porque saber algo intelectualmente no es suficiente, tenemos que entender en el corazón.
Como es arriba mencionado la energía negativa afecta negativamente a los músculos y el cuerpo en general.  Pero hay otra forma de energía más sutil.  Esta energía sutil es la energía asociada con el amor, es una energía que nos conecta con Dios, es parte de la Energía Suprema.  Si esa energía está interrumpida la conexión con la Energía Divina se corta o se reduce.  Con la práctica puedes sentir esa energía por pensar en Dios, por sentir amor, por meditar u orar y por reducir el poder del ego.
El cuerpo energético a través del que fluye la energía sutil está conectado con el cuerpo físico y el cerebro.  Lo que hacemos y pensamos es sumamente importante.  El cerebro tiene dos lados, o dos y dos, o sea, en términos físicos los pensamientos pueden ser buenos o malos con efectos correspondientes, dos lados físicos.  Por otro lado el cerebro es importante espiritualmente, es el traductor de la mente, la mente siendo la consciencia del corazón, un eslabón en la cadena de guía divina.  El cerebro recibe instrucciones de dos partes, del nafs/ego y/o de la mente real, pero lo que viene del ego y las influencias ajenas son tan fuerte que tapan el paso hacia el cerebro que se reduce significativamente la información divina de la mente.  Los pensamientos negativos son del ego e impiden el paso de la energía divina, su guía y el bienestar espiritual.
Salam,
Sheij Mohammad Abdullah

La Tariqa Sufí Islámica Qadiri-Rifai Ansariyya
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